Hubo un tiempo en el que andaba en camion por las secas y áridas calles de Mexicali. Por lo general agarraba el mismo camión, que pasaba por la mayoría de los lugares a los que solía ir diariamente. Un día que el calor estaba aproximadamente a 45 grados, decidí ir a nadar a la alberca de la universidad.
Para ir, le hablé a un camarada y quedé de ir a su casa, para luego irnos a la alberca. Esperé el camión bajo la sombra de un arbol en el que, si bien estoy seguro que había unos 3 grados de diferencia que estando parado en el sol, siguió dejando que el calor exagerado de las 4 de la tarde me torturara. Llegó el camión. No traía refrigeración. Le digo al microbusero que si no trae refrigeración, debe cobrar menos (en realidad no se lo dije y le pagué los 9 pesos).
Después de 20 minutos de viaje yo me empecé a sentir en otra dimensión. Hacía un chingo de calor y el bato andaba a vuelta de rueda. En eso veo que le hacen la parada en una esquina de Río Presidio. Pasan 5 minutos, hasta que volteo a ver que está pasando. El microbusero se baja del camión y sin remordimiento de conciencia alguno, enciende un cigarro.
No lo puedo creer. El calor estaba peor que nunca. Yo, afortunadamente andaba en speedo (mentira, traía un traje de baño largo). Algunas personas de la parte de atrás comenzaron a reclamar sin tener ningún éxito. Yo me limité a ponerme el cuello de la camiseta en la frente y esperar. Se acabó el cigarro.
Se sube al camión, tranquilamente. Me pongo bien la camiseta y veo que el aire caliente distorsiona la calle. Después de 40 minutos de tortura, llego al oxxo donde este wey iba a pasar por mi en cuanto le llamara.
Entré al oxxo a comprar una botella de agua y la ruca me dice que no tiene feria. Traía un billete de 200. Después de mi fallido intento de comprar agua, salgo, saco el celular para hablarle a mi compa.
No traigo crédito.
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